En la actualidad, es muy común que muchas mujeres quieran desarrollarse en el ámbito profesional, poniendo a su carrera como su prioridad. Existen muchos estudios que señalan que hoy las mujeres deciden ser madres después de los 35 años, sin importar si hay o no, boda de por medio. Al preguntarles el porqué de esta decisión, la mayoría contesta: “Quiero desarrollarme en mi carrera, desquitar tantos años de estudio universitario”.

Al leer esas razones, de entrada, me viene a la cabeza un “¡¿pero por qué?!”, si en mi experiencia ser mamá supera cualquier estadio de la mujer. Sin embargo, ya cuando aterrizo y volteo a ver la realidad, entiendo perfectamente esa postura.

A muchas de mujeres nos ha tocado vivirlo: vas a una entrevista de trabajo y lo primero que te preguntan es si tienes hijos, luego cuántos y, ya para rematar, quién te los cuida. Si aún eres soltera y sin hijos, te preguntan si tienes planes para casarte o embarazarte pronto...

Si nos ponemos analíticos, son preguntas discriminatorias, y el único objetivo que les puedo encontrar, es el tema financiero para la empresa (gastos por maternidad, ausencias por enfermedad de los hijos, los festivales y un largo etcétera).

Cuando ya estás instalada en el ámbito laboral y te vuelves madre, se dejan venir los comentarios como el clásico “no eres la misma desde que regresaste”, o acciones como el no respetar tu periodo de lactancia, descartarte para promociones o para gestionar proyectos importantes.

Ser mamá no tiene porque generar una eterna incapacidad (ni para quien es la madre ni para el empleador), por el contrario, las empresas deberían considerar las capacidades de multitasking que una desarrolla al volverse madre, como dar de comer mientras se peina, o hacer de comer mientras controla una situación entre los hijos.

También desarrollamos la capacidad de escucha, pues no es nada fácil estar en tres conversaciones al mismo tiempo y dar la respuesta coherente a cada una de ellas; como tampoco es fácil organizar los gastos de una familia, asignar tareas y gestionar tiempos.

La maternidad no debe estar peleada con el trabajo. Créeme que si logramos equilibrarla, todas esas culpas por dejar a tus hijos en una estancia prolongada, guardería o con los abuelos, no existiría. Esa pesadez de levantarte y pensar si de verdad lo necesitas, desaparecería.

Debemos disfrutar el ser madres, debemos disfrutar el ser profesionistas, pues estamos hechas para eso y más.

Claudia Valencia es coordinadora de Bachillerato en UVM Campus Lago de Guadalupe, estudió Ciencias de la Comunicación, una maestría en Educación y la especialidad en Nuevas Tecnologías. Tiene 17 años en el ámbito docente.

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