Cuando la violencia se vuelve costumbre, es hora de ver al psicólogo

En el ámbito familiar, escolar o laboral está presente la violencia. El psicólogo tiene el compromiso de colaborar en el análisis de los individuos para atender estas conductas e incluso en la formulación de correctas políticas públicas.

Cuando se habla de educación, regularmente se alude al proceso de crianza por el que los seres humanos atraviesan desde su más temprana edad. La socialización, uno de los elementos centrales de este proceso educativo -al que algunos teóricos de la sociología llaman también “enseñarse a ser humano”-, es fundamental y determina el comportamiento que un individuo expresa frente a su realidad.

La Psicología es la profesión que juega un papel indispensable en el análisis de la forma en que un individuo maneja su comportamiento personal, en armonía con el social.

Es en estas circunstancias que se construyen personalidades que pueden contribuir a la generación de actos violentos, como consecuencia de la vivencia cotidiana de acciones también violentas que forman parte de la etapa de crianza.

La violencia es también un elemento cultural integrado profundamente en la mente del ser humano. Por tanto, las actitudes que se muestran en la vida cotidiana pueden ser expresiones del tipo de país que somos cuando, por ejemplo, somos testigos de cómo una persona tiene la intención de provocar un daño físico o psicológico a otra; o cuando se nos hace costumbre maltratar física, psicológica o socialmente a compañeros de la escuela o del trabajo para conseguir beneficios personales.

Definimos como violencia a la intención consciente de provocar un daño a otros, con el fin de lograr satisfacción personales. La intención de dañar se expresa en diferentes contextos: en la familia, en la escuela y hasta en el trabajo; todos, referentes sociales primarios donde el ser humano pasa la mayor parte de su tiempo y en donde se construyen las relaciones más significativas.

Los retos del psicólogo

Para detectar, prevenir e intervenir de forma adecuada ante cualquier acto de violencia, se hace necesario contar con la ayuda de profesionales que cuenten con una formación académica y científica, y con experiencia en el tema.

 

La preparación del Psicólogo debe abordar los conocimientos, prácticas académicas y profesionales que permiten al estudiante descubrir y aprender los elementos centrales que componen la personalidad del sujeto. Esto, a través del estudio del pensamiento, emociones y conducta, elementos base del comportamiento violento.

En todo caso, se trata de formar profesionales sensibles a los problemas de mayor impacto social, como:

  • El acoso escolar y la violencia cotidiana con que convivimos en este país.
  • La correcta atención a la dinámica familiar.
  • La generación de políticas públicas que desestimen el uso de la violencia y promuevan una adecuada procuración de la justicia.

Por: Dr. Raymundo Calderón, Director de la Licenciatura en Psicología UVM

 

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