Mi hijo no me obedece y no sé qué hacer

En la actualidad nos encontramos ante familias en las que los padres han perdido la autoridad ante sus hijos, pues la sociedad ya no vive el estilo de crianza autocrático, donde papá era la autoridad suprema, la madre debía subordinarse al padre y los hijos a ambos. Ahora, en la relación entre hombres y mujeres se busca la igualdad de derechos y los hijos muestran dificultad para entender que la manera democrática de establecer sus propios derechos es respetando los derechos de los demás; por lo tanto, los niños y adolescentes de hoy tienden a pensar equivocadamente que ellos tienen los derechos y los padres las responsabilidades. Los hijos, al conocer sus derechos, ya no están dispuestos a someterse a las reglas y normas “arbitrarias” de los adultos, volviéndose cada vez menos efectivos los premios y los castigos.

Entonces, ¿Cómo enfrentar los problemas de educar a nuestros hijos? Volvernos permisivos es una opción, pero esto generaría más caos del que ya se tiene, toda sociedad necesita de ciertos límites para funcionar.

En primer lugar, es importante entender por qué mi hijo se porta “mal”, toda conducta de los individuos esta siempre encaminada al logro de un fin, un propósito y objetivo determinado, incluso de manera inconsciente. Uno de los objetivos de los seres humanos es el “pertenecer”, formar parte de un grupo, ser valorados y tomados en cuenta, por lo tanto el ambiente familiar y los métodos disciplinarios influyen en la personalidad y tienen impacto en la forma en que nuestros hijos buscarán su pertenencia.

Cuando no logra satisfacer la necesidad de pertenecer, de recibir amor, aceptación, seguridad y reconocimiento, el niño recurre a comportamientos inadecuados de forma activa o pasiva, puede ser agresivo, hostil, hiperactivo, hablar poco o nada, ser temeroso, mojar la cama, sufrir alergias, presentar asma, tics, dolores de cabeza, de estómago, incluso puede sufrir accidentes, en realidad no hay límite a lo que un niño puede y va a hacer en su lucha por pertenecer.

En la medida en que como padre conozcas y estés conscientes que el comportamiento inadecuado esta encaminado a obtener algún objetivo, estarás en mejor posición para tener respuestas claras y tomar acciones efectivas que refuercen la conducta que necesitas erradicar.

Si quieres resultados diferentes, entonces haz cosas diferentes, muchos de los padres de familia se acercan a consulta comentando que han hecho de todo y que la conducta de su hijo no cambia, generalmente mi pregunta a los padres es: si ya has hecho de todo, ¿Qué no has hecho? Por lo tanto, en conjunto exploramos las probables causas de sus conductas inadecuadas y sus posibles soluciones.

No existe en el mundo niño, niña o adolescente que “siempre” se porte de manera incorrecta, lo que sucede es que generalmente ponemos atención a estas conductas en lugar de aquellas que son buenas y aceptables, por lo tanto, no prestamos atención cuando ellos se portan “bien” y luchan por pertenecer, ser vistos y tomados en cuenta. Por tanto si solo los miras cuando se portan mal, seguirán portándose así. Recordemos: este tipo de conducta no es consciente, tu hijo no piensa “voy a portarme mal para que mi mamá y mi papá vean que estoy aquí en la casa”. Es un acto inconsciente que logra respuestas en los padres y por lo tanto, con este obtiene lo que busca: ser tomado en cuenta aunque sea con un regaño, un castigo o una mirada.

Entonces ahora tu pregunta sería ¿Qué puedo hacer para que mi hijo o hija se comporte en forma adecuada?

Existen varias estrategias que pueden reforzar conscientemente las conductas positivas y disminuir las inadecuadas. Debemos iniciar poniendo atención, observar su comportamiento por un breve momento y escuchar, atiende lo que tu hijo te solicita, aquello que no puede decirte verbalmente te lo dice con sus actos. Ten claro que tus hijos son tus maestros, no solo ellos necesitan hacer cambios en su comportamiento sino también tú como padre de familia para lograr una mayor funcionalidad en la relación familiar. La verdad es que en muchas ocasiones, se toma el camino rápido al pensar que los niños son totalmente responsables de la situación que se está viviendo.

Una de las técnicas a seguir es el dedicar tiempo especial, debemos preguntarnos ¿Cuánto tiempo de calidad pasamos con nuestros hijos diariamente? No solo el tiempo juntos, sino el tiempo en que en realidad ambos disfruten estando acompañados, en el que haya diálogo, espacios de confianza, amor y respeto mutuo. ¿Qué tanta atención le brindamos a nuestros hijos cuando se están portando bien?

Actualmente, la sociedad está formada por muchas familias en las que ambos padres trabajan, viviendo un ritmo agitado en el que la tecnología y las redes sociales juegan un papel principal en las relaciones intra e interpersonales, siendo los hijos las principales víctimas de la “falta de tiempo” y de la lejanía física y emocional entre los miembros de la familia. Ello ocasiona en ellos baja tolerancia a la frustración, pues viven en la inmediatez y sobre todo, realizando conductas inadecuadas con la finalidad de ganar la atención de sus padres por encima del celular y de las redes sociales, para sentir tu mirada, tu regaño o tu castigo. Pensemos en lo importante que puede ser para ellos un: “estoy orgulloso de ti, porque en casa de la abuela te portaste excelente”, “gracias por ayudarme a recoger tus juguetes”, “gracias por tu ayuda”, “me alegra que te guste aprender”, “mira que progresos has hecho en tu lectura, escritura, matemáticas”. Estas expresiones refuerzan los comportamientos positivos, le hacen sentir bien consigo mismo y por lo tanto repetirá las buenas conductas con tal de obtener tu reconocimiento.

Recordemos que no existen hombres, mujeres, niños y niñas perfectos, nuestros hijos están en constante aprendizaje, conociendo sus límites y sobre todo, conociéndose a sí mismos, formando su personalidad y fortaleciendo su autoestima. Tú eres parte fundamental de su salud mental y emocional del futuro, tienes la opción de brindarles recuerdos agradables o desagradables de su niñez y sobre todo de formar en ellos personas responsables de sus acciones, pensamientos y sentimientos.


* Lic. en Psicología, Fundadora del Instituto Raíces A.C. y Ganadora del Premio UVM al Desarrollo Social 2016. El Instituto Raíces AC, en una organización sin fines de lucro que trabaja por impulsar el sano desarrollo físico, social y emocional de niños, niñas y adolescentes en situación vulnerable.

Referencia: Taller PECES (Padres Eficaces con Entrenamiento Sistemático y Sistémico)

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